Sydney, la ciudad de las simetrias

El choque al llegar a Sydney fue brutal. Tras veinticinco días de paz y tranquilidad en Nueva Zelanda desembarcamos en una ciudad llena de ruidos, prisas y tráfico. Todo el mundo estaba vestido de forma bastante “chic”, comercios abiertos veinticuatro horas y fiesta por todas partes. En definitiva, lo opuesto a lo que habíamos encontrado en Nueva Zelanda.

Tuvimos la suerte de llegar a la tierra de los canguros el día de la fiesta patria: Australia´s Day. La fiesta nacional australiana se celebra el 26 de Enero, el día que se establecieron los primeros colonos ingleses. Esta fiesta genera mucha contraversia, ya que hay muchos australianos que consideran que el día de Australia no debería ser el día en que Australia se conviertió en colonia porque es un desprecio a los aborígenes.

 

Controversias a parte, nos fuimos a celebrar el doscientos vigésimo quinto día de Australia al muelle Darling (Darling Harbour). Al llegar, casi no podíamos creer lo que estaban viendo nuestros ojos. El muelle estaba completamente abarrotado y no cabía ni un alfiler. Lo mejor es que todo el mundo estaba celebrándolo sin importar la raza o etnia. Vimos asiáticos pintados de la cabeza a los pies con los colores australianos, gente con gafas súper extravagantes y todo tipo de souvenirs.

 

El espectáculo consistía en la presentación de los barcos de la policía, los bomberos, el ejército, etc. Parecía que querían vender los barcos porque daban un montón de detalles técnicos que, probablemente, no importaban a nadie. Luego hubo una exhibición de fuegos artificiales y música sincronizada.

 

La salida del muelle no fue caótica, pero sí larga. Estuvimos esperando durante casi una hora a que el muelle se despejara un poco para poder salir de allí. Mientras esperábamos, vimos que había una boda en uno de los hoteles del muelle. Los que se casaban, ¿serían una pareja de australianos muy patrióticos? o ¿sería que la novía quería tener fuegos artificiales el día de su boda? No pudimos entrar a comprobarlo.

El día siguiente amaneció lloviendo y pensamos que lo mejor era ir a hacer una visita a uno de los muchos museos gratuitos de Sydney. ¡Sí, señores! En Sydney hay muchas actividades gratuitas , a difierencia de otras grandes ciudades. Se pueden visitar museos, galerías, parques, mercados y un largo etcétera.

Nos acercamos hasta el barrio que se llama The Rocks, el barrio más antiguo de Sydney. Elegimos así porque era fin de semana y sabíamos que había un mercadillo y The Rocks Discovery Museum , un museo gratuito sobre la historia de Australia.

La historia de Australia empieza con sus primeros pobladores, que fueron los aborígenes. En Australia había unos cuatrocientos pueblos aborígenes. Cada pueblo tenía su propio territorio, su idioma y sus costumbres. Se cree que los aborígnes son descendientes de africanos y que habían poblado Australia durante miles de años.

Algunos navegantes europeos ya habían establecido en mapas dónde estaba Australia, aunque no eran conscientes de que era una isla. Otros habían entablado contacto con aborígenes, pero no por mucho tiempo. No fue hasta 1770 que el británico James Cook llegó a tierras australianas y decretó que el territorio pertenecía a Gran Bretaña. Utilizó el concepto de “terra nulluius” (tierra de nadie) para poder anexionar ese nuevo territorio a la corona de Gran Bretaña. Es el mismo concepto que utilizaban españoles, portugueses, holandeses y británicos para conseguir todas sus colonias.

El primer contacto entre ingleses y aborígenes no fue del todo mal. Ambos países establecieron lazos de amistad al principio, pero los problemas llegaron cuando los ingleses empezaron a sobreexplotar los recursos naturales. Esto hizo que los aborígenes sufrieran hambruna y fue cuando se desencadenó la guerra entre ambos pueblos.

En 1788 llegó la primera remesa de convictos a Australia. Gran Bretaña había perdido Estados Unidos como colonia, las cárceles británicas estaban abarrotadas y se necesitaba mucha mano de obra en Australia para poder explotar los recursos del continente. Fue así cómo se impuso que la mayor parte de los primeros colonos británicos fueran convictos. Los convictos purgaban sus penas mediante trabajos físicos, pero las condenas eran menores. Podían viajar con sus familias y luego formar parte de la sociedad. También se engañó a mucha gente corriente describiendo Australia como la tierra de las oportunidades. Tras seis meses en barco sólo encontraban un territorio con un clima muy extremo y difícilmente explotable. La mala noticia era que no tenían dinero para pagarse el pasaje de vuelta, por lo que la mayoría se quedaban.

Construyeron la primera ciudad en Covent Garden, donde está el barrio de The Rocks, y poco a poco fueron extendiéndose hacia el interior. Echaron a los aborígenes de sus tierras y los diezmaron mediante enfermedades y genocidios. Para no alargarme mucho más, si quereis conocer más sobre historia australiana pichad aqui , aquí y aquí.

Después de visitar el museo, estuvimos dando un paseo por el barrio de The Rocks, viendo las artesanías del mercadillo y riéndonos de los borrachos australianos congregados en los pubs del barrio.

Al día siguente nos fuimos a hacer un tour gratuito  con Justine. Justine era una guía excelente, de 28 años y australiana de pura cepa. Nos hizo recorrer los barrios más céntricos de Sydney, como le Central Bussines Distric (CBD) y the Circular Quay, donde se encuentra la ópera de Sydney. Nos contó mucha curiosidades.

Una de ellas es que Sydney y Melbourne se desarrollaron realmente durante la época de la fiebre del oro, allá por 1850. Había mucha competencia entre las dos ciudades; En 1908 Australia se independizó de Gran Bretaña, por lo que había que elegir una capital. Melbourne y Sydney aspiraban al título de capital del país, pero se decidió que ni la una ni la otra serían la capital. Y fue así cómo se construyó Canberra desde cero. La nueva ciudad estaría a mitad de camino entre Sydney y Melbourne y el significado de su nombre sería “lugar de reunión”.

Otra de las curiosidades está relacionada con la reina Isabel de Inglaterra. Allá por el año 1985 la reina de Inglaterrá envió una carta al alcalde de Sydney. Con dicha carta había instrucciones que decían que la carta no podría abrirse hasta cien años después. Esta carta está expuesta en un centro comercial del centro de Sydney a la vista de todo el mundo. Nadie conoce su contenido y yo probablemente no llegaré a los 103 años que me hacen falta para desentrañar el misterio. ¿¡!Os imaginais que la reina haya puesto Fuck you people from Sydney?!?! Eso sería humor inglés 🙂

 

Justine también nos enseñó un sitio secreto, una calle fuera de la vista de todo el público. En esta calle se ha colgado una jaula por cada especie de pájaro que habitaba en la zona de Sydney antes de que los europeos se asentaran y acabaran con ellos.

Otro de los barrios a visitar en Sydney es Chinatown. Se puede encontrar comida asiática buena y barata y conocer a los últimos grupos de moda en Seul. También puedes trastear por las tiendas del barrio y encontrar gadgets que en tu vida habrías imaginado.

Llegados a este punto, Fred tomó su avión rumbo a Perth y yo me quedé solita en la gran capital. Fred había encontrado un trabajo en Perth como instructor de kitesurf. Yo, sin embargo, quería seguir visitando un poco más la costa este, ya que era una oportunidad única. La idea es que yo me quedaría unos doce días más en este lado del continente para poder visitar Melbourne, Adelaida, los Grampians y la Great Ocean Road y luego me reuniría con Fred y sus amigos para pasar los últimos quince días en la costa oeste.

Se me hizo muy raro despedir a Fred, porque después de viajar juntos día y noche durante cinco meses era extraño encontrarme sola. Como sarna con gusto no pica, me tuve que adaptar rápidamente a la situación y para compensar me di un capricho. Visité por dentro la ópera de Sydney. La ópera se puede ver por dentro sólo de dos formas:comprando una entrada para un espectáculo o pagando un tour. Como mi bolsillo no estaba para muchos sobresaltos, escogí la opción más barata. Un tour de una hora por 35AUD (24.85EUR).

Hice el tour en francés, porque era uno de los idiomas que ofrecían y me pareció que me iba a enterar más del tema que en inglés. El guía era un señor francés de mediana edad un tanto despistado y que tenía aires de Mr. Bean. Estaba lleno de tics, nada funcionaba a la primera y a mí me estaba poniendo de los nervios. Un personaje en toda regla 🙂

El guía nos contó que hubo un total de 203 proyectos para la Opera House, pero que casi todos eran parecidos y que la mayoría de los edificios eran rectangulares. Se revisó el proyecto ganador casi de casualidad, porque la entrega se había hecho tarde, pero en cuanto los jueces vieron el diseño se quedaron completamente prendados. El danés Jorn Utwon supo sacarle partido al entorno donde se construiría la ópera e integró el edificio con la bahía y el puente de Sydney. Además el diseño tenían guiños a otras culturas, como por ejemplo la Maya, ya que las escaleras eran idénticas a las de sus templos.

El proyecto ganador se eligió por la estética, pero técnicamente no se sabía aún cómo llevarlo a cabo. La Opera House de Sydney iba a ser un desafío tecnológico. El motivo de no desechar un diseño inviable para la época fue porque el gobierno socialista, que suponía que iba a perder las elecciones, quería dejar su propia marca indeleble en la ciudad. Si perdían, el gobierno de derechas heredaría el proyecto y muy probablemente lo pararía, siendo esta una medida muy impopular. Al final, los electores quisieron que el gobierno socialista ganara las elecciones con un margen pequeñísimo, así que el proyecto tuvo que continuar.

Las obras empezaron y 1600 obreros trabajaron durante cuatro años, el podio estaba contruido, pero el tiempo avanzaba y el problema de las cúpulas no estaba resuelto todavía. No sabían cómo hacer para que las cúpulas se alzaran en el aire de una forma limpia, sin necesidad de elementos transversales que afearan el diseño.Fue eUtzon quien encontró la solución la problema. En vez de hacer placas enteras, construiría elementos infinitesimales y los ensamblaría (problema de las esferas).

Otro de los desafíos fue imaginar cómo se iban a revestir dichos arcos. Utzon se dio cuenta de que los azulejos era un tipo de material que no se ensuciaba mucho y que mantenía la apariencia a lo largo del tiempo. Este detalle fue todo un acierto, porque la ópera sólo se ha limpiado dos veces desde su inaguración en 1973. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una de las veces se tuvo que limpiar porque unos activistas contra la guerra de Irak hicieron un graffiti gigante rojo que decía No War.

El proyecto tenía cuatro años de retraso y otra vez hubo elecciones. Esta vez ganó el gobierno de derechas y decidió que había que controlar el proyecto de la ópera. Retomaron planos y presupuestos y decidieron destituir a Utzon como arquitecto para darle el proyecto a tres arquitectos australianos. Utzon se fue a Dinamarca y nunca más volvió a Australia. No vio la ópera terminada y en el discurso de inaguración la reina de Inglaterra ni si quiera mencionó su nombre. El mayor reconocimiento que consiguió Utzon fue que la Ópera se inscribiera como patrimonio de la Unesco.

Las obras siguieron y acabaron en 1973. Hicieron falta catorce años y 104 millones de AUD. El presupuesto económico se sobrepasó catorce veces y la estimación de tiempo sobrepasó en diez años.Si esto no fuera poco, en la época en la que se acabó la ópera ya no estaba de moda y había caído en desuso. Hubo que repensar el edificio y la sala que íba a ser para la ópera se convirtió en sala para la música sinfónica. También había que tener en cuenta que había que amortizar los gastos de construcción y mantenimiento de la ópera, unos cuarenta millones de AUD al año, por lo que se decidió hacer otra sala pequeña para espectáculos ·”baratos”. Hubo que remodelar la caja de un ascensor gigante para convertirlo en la tercera sala. El edificio, al ser patrimonio de la Unesco, sólo se puede remodelar bajo ciertas condiciones y tiene que ser el arquitecto del diseño quien lo haga.Ironías del destino, ¿no? Utzon utilizó a su hijo como intermediario para las remodelaciones.

Una de las anecdótas que nos contó el guía estaba relacionada con Luciano Pavarotti. La Opera House había organizado una fiesta en honor a Pavarotti y este, nada más abrir la puerta donde se organizaba la recepción, dijo que él ahí no entraba ni por todo el oro del mundo. Los australianos, extrañados, le preguntaron que por qué y Pavarotti dijo que estar en una sala con cosas violetas traía mala suerte. Es tradición en el gremio de artistas italianos sentir repulsa hacia este color, ya que es el mismo que se utiliza en el terciopelo que sirve para forrar los ataúdes. Hubo que cambiar de sala rápidamente y al menos esta tenia la moqueta roja.

Por cierto, no he hablado del hostal donde nos quedamos, Asylum en King Cross. Un sito poco recomendable y con un ambiente raro raro….

No me extenderé mucho más sobre otras cosas que visitamos, como el jardín botánico, el museo de arte moderno u otros barrios de Sydney. Simplemente pondré algunas fotos más:

You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply

Powered by WordPress | Designed by: suv | Thanks to trucks, infiniti suv and toyota suv