Llegada a Perú y Lima

Tras una despedida en el aeropuerto de Barajas,  dos vuelos,  una escala en Sao Paolo, 19 horas de avión, comprobar que el papel higiénico en Brasil  no es tan suave como el de España, tres comidas de avión, dos bolsas de cacahuetes y aprender algunas palabras en portugués gracias a TAM, por fin, llegamos a Lima.

Primeras impresiones:

– Ciudad caótica, como toda gran ciudad que se precie

– La gente es amable y enseguida te ayudan si te ven perdido

– El tráfico es imposible y todavía no tenemos muy claro cómo van las prioridades en los cruces. Para empezar, al cruce hay que llegar pitando, luego ralentizan un poco y,  siguiendo una regla que aún no conozco,  siguen adelante.

– El peatón es completamente invisible 🙁

– La comida está buena, pero tiene nombres rarísimos. Por ejemplo, los mejillones son coroiquitos.

 

 

Un par de anécdotas:

– Ayer nos confundimos a comprar la tarjeta del autobús y la cargamos con 15 soles porque la máquina no daba cambio. Para recuperar el dinero que no íbamos a utilizar, unos  10 soles, estuvimos cobrando a los usuarios del metropolitano 1.5 soles para dejarlos pasar con nuestra tarjeta. Método muy eficaz, ya que recuperamos todo el dinero que no íbamos a utilizar 🙂

– En Lima hay una policía especial, que se llama policía del Serenazgo. Es la policía que se encarga que la gente actúe de forma cívica y envían mensajes subliminales (o no tanto) a la población dictando normas de civismo, como por ejemplo “No ensucies la calle”, “No molestes a tu vecino”, etc. Ayer pudimos asistir a un concierto en una plaza patrocinado por esta policía y fue de lo más curioso.

 – Además de la famosa batamanta ahora tenemos también el gorrobufanda 🙂

 

Algunas fotos más:

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