Surfeando en Kuta

La primera impresión que tuvimos de Kuta no fue muy agradable. En Kuta no había la paz y tranquilidad que reinaba en las Gilis o al este de la isla de Bali. Sólo había coches, motos, ruido, miles de tiendas de souvenirs, salones de masaje por doquier y extranjeros por todas partes. ¿Estábamos en Indonesia o en una colonia australiana?

 

Indagando, indagando habíamos conseguido la dirección de una guesthouse que estaba fuera de todo el barullo del centro de la ciudad, en el barrio Legian. Kubu  Kaugh Beach Inn guesthouse (150000 IDR (11.55EUR) la habitación) se encontraba escondido en un ”campung”, que no es más que una especie de barrio hindú dentro de la ciudad. Suele parecer un laberinto si no has vivido allí durante mucho tiempo, todos los vecinos se conocen y el campung dispone de todos los servicios básicos (tienda de comestibles, salón de masajes, lavandería, peluquería, etc). Lo mejor de todo es que en los guesthouse de los campung se encuentra el silencio que no hay en los hostales de las calles principales y que puedes observar el día a día de las familias hindúes.

Dejamos nuestras mochilas y nos fuimos directos a la playa de Kuta. Era cierto que la playa era espectacular, con kilómetros y kilómetros de arena, agua calentita y olas perfectas. Aunque era tarde ya, seguía habiendo mucha gente y se notaba que la playa era el lugar de encuentro entre turistas e indonesios.

 

Aunque sólo faltaba hora y media para que oscureciera, Fred alquiló una tabla de surf en los puestos de la playa durante hora y media (40000IDR (3.08EUR)) y se fue al agua. Según su opinión las olas eran buenas, el agua estaba a la temperatura ideal y el sol no calentaba mucho. ¿Qué más se podía pedir? Yo me quedé en la playa contemplando la puesta de sol, que no tenía desperdicio.

 

Al día siguiente hubo que probar un “must” de Bali: dar una vueltita en moto. Yo no estaba nada convencida, ya que las motos no son santo de mi devoción, pero como queríamos ir al templo Tanah Lot, se nos antojaba la solución más práctica y barata. Por 50000 IDR (3.85EUR) se puede conseguir un scooter de 125 cm3 para todo el día. En este precio se incluyen los cascos, que son obligatorios en Bali aunque no lo parezca, y la moto suele estar customizada para poder llevar la tabla de surf.

 

Nos santiguamos un par de veces antes de montarnos en la moto y pusimos rumbo al templo de Tanah Lot, que es el sitio más fotografiado de todo Bali. Obviamente, conducía Fred y yo iba de paquete, agarrada a él como si me fuera la vida en ello. Fred tenía que conducir como los locales, ya que conducir como un europeo era querer suicidarse. Recorrimos los 25 kilómetros que separan Kuta de Tanah Lot sorteando motos, camiones y animales, viendo arrozales y las decoraciones del Kuningang. Llegamos sanos y salvos al templo, yo sudando como un pollo por el stress y Fred tan tranquilo. Pagamos las entrada de 30000 IDR (2.31EUR) por persona y nos fuimos a ver el templo “más famoso” de todo Bali.

 

El acceso a Tanah Lot sólo se permite a personas que practican la religión hindú y como está construído en una roca en mitad del mar, sólo se puede entrar durante la marea baja. Es por eso que sólo pudimos ver el templo desde fuera y desde lejos, pero había más sitios que visitar en las inmediaciones del templo. De hecho, toda una comunidad hindú se dedica a vivir del turismo generado por Tanah Lot. Hay fotógrafos, vendedores de souvenirs, vendedores de comida, socorristas, bailarines….Vamos, que tienen bien montado el chiringuito y turistas no les falta. Dimos una vuelta por los jardines y otros templos que sí se podían visitar y nos volvimos a Kuta. No sé si mereció mucho la pena haber visitado este sitio después de haber visto Karangasem, que es mucho menos turístico y más bonito, aunque si sólo vas a Kuta, es obvio que no hay que perdérselo.

La vuelta a Kuta en moto fue más tranquila, por lo menos por mi parte, y Fred rellenó el depósito como hacen los locales. ¿Para qué vas a ir a la gasolinera si la tienda del barrio tiene botellas de Absolut Vozka rellenadas con gasolina y listas para ser usadas? En fin…

Al día siguiente alquilamos una tabla de surf para Fred y una tabla de bodyboard para mí.Esta vez buscamos un poco más y encontramos un sitio en frentre de nuestra guest house que alquilaba la tabla de surf por 40000 IDR (3.08EUR) y el body board por 25000 IDR (1.93EUR) para todo el día. Estos precios eran mucho más razonables que los de la playa, donde se pagaba lo mismo por una hora solo. Lo “malo” es que había que cargar con la tabla hasta la playa, pero la distancia no era muy grande. Antes de irnos, el dueño de las tablas no hizo una advertencia. Si alguien nos preguntaba en la playa que cuánto nos había costado el alquiler, había que decir que lo mismo que el alquiler en la playa. Una vez más, quedó demostrado que la libre competencia es una utopía en este tipo de países y que hay mafias locales por todos lados.

 

Yo me lo pasé estupendamente con mi body board. Había olas de tamaño mediano cerca de la orilla y podía impulsarme con el suelo, ya que la profundidad no era muy grande. Así no tenía que malgastar energía pataleando como una loca. Cogí varias olas y al final del día parecía una “profesional”. Fred se hizo amiguito de algunos indonesios e intercambiaron consejos mientras esperaban olas.

Lo malo es que al agua no debía estar muy limpia, porque al día siguiente nos levantamos los dos malos, con dolor de garganta y de oídos. Nos habíamos pillado una otitis con bactería incluída que nos daría guerra durante tiempo. Gracias al agua de la playa de Kuta pudimos comprobar cómo funciona la sanidad en Malasia y en Tailandia 🙁

En Kuta nos esperaba otra sorpresa. Nos cruzamos de nuevo con Vincent y Aye Chan, la pareja de amigos de Fred que nos había alojado en su casa de Perth. Nos fuimos los cuatro a cenar por ahí y les contamos nuestras peripecias con los niños de IHF y lo bien que lo habíamos pasado en las islas Gilis.

El último día aproveché para ir a uno de los salones de masaje de Kuta. Ya sabía yo que era una buena idea dejar esta actividad para el final, ya que si no hubiera sido así, me habría convertido en una yonqui de los masajes. 90000 IDR (6.93EUR) por una hora de reflexología y masaje en las piernas junto con cuarenta y cinco minutos para un tratamiento facial y masaje en la cabeza. ¡¡¡¡¡Estaba en el paraíso!!!!!!y era taaaaan barato y el masajista lo hacía taaaaaaan bien. Todavía lloro al pensar que nunca más encontraré un masaje tan barato y tan profesional :'(

Como todo tiene un final, cuarenta días en Bali bastaron para comprobar que esta isla tiene algo especial y que merece la pena visitarla. Con pena, pusimos rumbo a la isla vecina de Java, donde nos esperaba una de las situaciones más surrealistas de nuestro viaje. 

 PD.- Unas fotos para Nuria, para que vea lo que es seguridad en las obras de Bali. ¿Quién dijo miedo?

You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply

Powered by WordPress | Designed by: suv | Thanks to trucks, infiniti suv and toyota suv